La información es poder dice Robert Green en “Cuarenta y ocho leyes del poder”. La información sirve para obtener poder, mantenerlo se logra con la información apropiada que las encuestadoras pueden proporcionar.
Estas empresas son las intermediadoras entre el que ejerce el poder y los que se lo confieren.
Sin embargo, también sirven para crear corrientes de opinión, influyendo sobre ciertos segmentos de la población con el fin que estos actúen, piensen, decidan o razonen de una manera determinada.
Actualmente las encuestadoras, brindan datos estadísticos respecto a la aprobación o desaprobación porcentual de los líderes nacionales, regionales o locales. Así como la adhesión o rechazo a ciertas decisiones de los tres niveles del poder.
Del comportamiento o tendencia estadística expresada en cifras, los analistas, infieren explicaciones respecto a las razones que motivan a la población, a expresar su aprobación rechazo a personas o a sus decisiones.
Y, como toda inferencia, esta tiene un alto grado de subjetividad. Es por ello que resulta peligroso basarse exclusivamente en alguna de esas interpretaciones para tomar decisiones. No solo porque desechan otras, también con criterio subjetivo, sino porque la verdad no necesita intérpretes.
Toda encuesta tiene un margen de error y, a pesar, de auscultar la opinión pública sobre un mismo tema, existen marcadas diferencias entre las encuestadoras poniendo en duda su confiabilidad.
Con estos antecedentes es pertinente plantearse las siguientes interrogantes:
¿Son suficientes las cifras estadísticas para tratar de acercarse a la verdad sobre lo que piensa o anhela la población?
¿Son totalmente confiables las interpretaciones subjetivas que de esas cifras hacen los analistas?
¿No sería mejor complementar la cifras estadísticas consultando a la población directamente el por qué, de opiniones y actitudes?
Estamos seguros que todo gobernante, líder o funcionario público notable, desearía saber no sólo el porcentaje de la población que lo aprueba, sino el por qué del porcentaje que lo desaprueba.
Según algunas encuestadoras, el presidente García ha descendido en porcentajes variables su aprobación popular. ¿No sería lo mejor, preguntarle a la población porque, antes que confiar en la inferencia, qué están haciendo los analistas?
¿Es más confiable una conjetura que una pregunta directa?
Todo lo anteriormente descrito, nos lleva a clasificar las encuestadoras en dos grandes grupos:
a. Aquellas que nos dan cifras
b. Las que nos dan razones
En el país todas las encuestadoras se han orientado hacia el primer esfuerzo dejando en mano de los analistas el segundo esfuerzo.
Como veremos más adelante, nosotros proponemos algo mejor. Proponemos que los márgenes de subjetividad sean significativamente menores, disminuyendo ostensiblemente los márgenes de error en la toma de decisiones.
Fouché también le dio informaciones a Napoleón, pero estas fueron intencionalmente distorsionadas y, en vez de servir a Francia, condujeron al desastre del emperador.
“Si hubiera sabido las razones del pueblo, no hubiera invadido España”, dijo muy tarde Napoleón cuando fue derrotado por los aliados.
Eso, las razones del pueblo son las que necesita saber el soberano para gobernar, de tal forma que ambos sean uno, como recomendó Rousseau. |